Segunda despedida a Julio César Mondragón

Fotos: Eduardo Velasco y Erika Lozano

Foto: Eduardo Velasco @lalo777

Foto: Eduardo Velasco / @lalo777

Marisa se para frente a la tumba, dentro del féretro hay unas bolsas que contienen el cuerpo de Julio, lo han diseccionado; mientras, en el fondo suenan las órdenes de una juez insensible que muestra el claro rostro de la revictimización por parte de las instituciones. “Abran la bolsa, sé que es doloroso pero tengo que dar fe de lo que recibo”, dice. Quienes observaron a Julio César Mondragón saben que ya no es él. Su cuerpo lleva en descomposición más de 16 meses. Lo han diseccionado. Ya no es él. Durante más de tres meses su cuerpo permaneció en uno de los -menos de veinte- congeladores que se encuentran en la Coordinación de Servicios Periciales de la Procuraduría General de la República (PGR). El 4 de noviembre del 2015 fue exhumado debido a recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), pues documentaron errores, omisiones y carencias en la investigación de la PGR. Fue así que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó un segundo peritaje.Su familia está convencida de que para que haya justicia es necesario saber la verdad, qué le pasó a Julio y quién lo hizo. Es necesario desmentir la versión de la PGR, que insiste en que el rostro de Julio fue arrancado por animales.Después de trámites interminables, el pasado 12 de febrero regresaron el cuerpo de Julio a su familia para -volver a-  inhumarlo.

Hace frío, desde antes de las 6 de la mañana, familiares, amigas y compañeros de Julio, que viajaron toda la noche desde Ayotzinapa, esperaban afuera de servicios periciales, un lugar que parece fue pensado y localizado para ser complicado de encontrar.

Adentro está Marisa, su pareja. Espera… lo mira… lo viste. Julio portará la chamarra roja distintiva de su escuela, la Normal Rural Raúl Isidro Burgos. En el cuarto también están Conrado, sacerdote jesuita que bendecirá al cuerpo y ofrecerá una misa más tarde, miembros del GIEI y el EAAF, y algunas personas de colectivos solidarios, como El rostro de Julio (aquí su crónica), que acompañan a su familia en busca de justicia.

Salimos en caravana hacia Tenancingo, Estado de México, lugar donde nació Julio César, alrededor de las 10 de la mañana. Nos escolta una camioneta de la gendarmería. Mientras esperamos afuera del panteón de Tenancingo, elementos de la policía federal, estatal, municipal, de tránsito y policía especializada del Estado de México, ponen tensión en el ambiente.

Las mismas instituciones que lo torturaron y ejecutaron extrajudicialmente, ahora “resguardan” su reinhumación.

La ambulancia donde viajaba Julio César llegó con los sellos que pusieron desde servicios periciales, pero la juez encargada de dar los permisos para la exhumación y reinhumación da órdenes de revisar todo de nuevo.

El cuerpo de Julio se asoma del féretro. “Abran la bolsa”, ordena la juez. Curiosos se asoman, Julio está al descubierto. En el afán de dar fe de “lo que recibía”, la juez realiza una revisión exhaustiva una vez más.

“Recen en su cabeza, me distraen”, dice la juez a dos familiares. El mariachi espera, le han dado órdenes de permanecer en silencio “para no causar distracción”. “Cuando yo me vaya pueden hacer lo que quieran”, dice la juez.

“Pregunta Marisa si nos daría permiso de que el mariachi toque una canción mientras lo terminan de enterrar”, dice la abogada. “Una canción, sólo una”, contesta la juez. Suena el mariachi. Termina el largo trámite después de casi una hora y media, la juez se va y junto con ella las personas de protección civil y todos los tipos de policías presentes.

Se escuchan consignas, los amigos de Julio le gritan que no ha muerto, que sigue vivo, con ese particular tono de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM).

Comienza la misa en el panteón, oficiada por Conrado, sacerdote jesuita: “Que la muerte de Julio no sea en vano, que su vida nos ayude a encontrar justicia, paz… que encontremos la verdad”. Las asistentes pidieron por los cambios que quieren ver en el país, acabar con el miedo, con la impunidad, con los feminicidios, con los megaproyectos. Encontrar justicia. Nos tomamos de las manos. Nos reconocemos. Nos damos un abrazo.

La justicia no vendrá de ellos.

Afuera de la Coordinación de Servicios Periciales / Foto: Erika Lozano @Kururh

Afuera de la Coordinación de Servicios Periciales. Foto: Erika Lozano / @Kururh

Afuera de la Coordinación de Servicios Periciales / Foto: Eduardo Velasco @lalo777

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Foto: Erika Lozano @Kururh

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Foto: Eduardo Velasco @lalo777

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Foto: Eduardo Velasco @lalo777

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