¡Cantemos otra canción, muchachos! (ésta se ha tornado vieja y agria). Sobre Leonard Cohen

“There’s music on Clinton Street all through the evening” (Leonard Cohen, Famous Blue Raincoat)

 Por Alain Derbez

Leonard Cohen. originalmente en indiespot.es

Leonard Cohen. originalmente en indiespot.es

Un día después de que la música en la calle de Clinton fue interrumpida de manera abrupta con flores para Hitler, una noticia más segó ciegas esperanzas: murió Leonard Cohen. Tenía 82.

No hubo fiesta ni motivo en el lado de acá y sin embargo en el mundo que apela aún por sentimiento y cordura, impera vestida de orfandad, cruda, desnuda y cacofónica, la peor de las resacas.

Vendrán por supuesto los homenajes de los homenajeadores oficiales, algunas frases huecas de los dueños del vacío, la paja para cumplimentar el aparato y formar laberintos de feria en la encrucijada de no tener muy claro en qué sección del diario insertar la necrológica que hable del novelista, del poeta, del cantor, del traductor, del judío, del monje zen, del montrealense, del canadiense, del lorquiano padre de Lorca irónico como serio, crítico como sensato, ácido y bueno  (¿espectáculos?… ¿cultura?…¿internacionales?…¿avisos personales o cartas del lector?). Pero esa sensación de soledad difícil, pegajosa, sólo tal vez el tiempo pueda, si no aliviarla, sí disimular la cicatriz que dejan las batallas perdidas otra vez contra la muerte.

Y uno se vuelve a preguntar: ¿Por qué? ¿Por qué alguien como él? ¿Por qué él y por qué no aquéllos?

Y uno insulta.

Y uno pierde la calma mirando a los sobrevivientes del lado de allá festinar en su juego favorito, su habitual clisé, las miserias brincoteando en el roof-garden del poder. Allá ellos, allá.

Y uno aquí recupera una brizna de sosiego sin recomponerse del todo, pero con la impresión de que las heridas se restañan lenta muy lentamente gracias a esa voz grave y más grave cada vez,  gracias a esa lectura y a esa biografía que forma parte claro de la nuestra, los hermosos vencidos.

Ha muerto Leonard Cohen. Y no: no muere Leonard Cohen. Lo sabemos. Lo sentimos. Cantamos: “Te necesito. No te necesito. Y toda esa verborragia”

Escuchemos, escuchamos lo que tuvo que decir y dice “con el don de esa áurea voz pagando el alquiler día tras día en la torre de la canción”.

Sigamos escuchando, leyendo, cantando acompañados:

“Dónde están los poemas que me alejaron de todo lo que amaba para llegar a donde estoy desnudo con la idea de encontrarte” (L.C. La energía de los esclavos).

“Let’s sing another song, boys, this one has grown old and bitter”

@Alain_Derbez