“Deberían haber muchísimas personas como Nadia”

Por: Erika Lozano

A Nadia sus amigas y amigos la recuerdan con gran amor y cariño, hablan de su capacidad organizativa, su carácter fuerte, su voz ronca, su risa, sus ganas de bailar salsa y cumbia y tomar pulque. Platican del tiempo que estuvieron juntas en el Festival de Danza Cuatro x Cuatro, del cual fue productora, o de la Compañía de Danza del mismo nombre de la que sus hermanos también son parte.

Nadia retratada por Eka Ríos

Recuerdan su participación en el movimiento contra el alza al transporte público en Xalapa, o de cuando después del movimiento #YoSoy132 tomaron la Plaza de esa ciudad que ahora lleva el nombre de Regina Martínez, periodista asesinada.

Se acuerdan de los talleres que daban en “Casa Magnolia”, un lugar que ocuparon en el centro de la ciudad y convirtieron en espacio cultural. O del comedor estudiantil que tomaron en la Facultad de Humanidades de la Universidad Veracruzana.

La ocasión en que el 15 de septiembre del 2012 los policías detuvieron y torturaron a algunos compañeros. No olvidan cuando el 2 de octubre del mismo año alguien allanó su casa y ella bromeaba con que tuvieron que limpiar y ordenar un poco para que lo notara.

O la brutalidad de la policía de Javier Duarte, entonces gobernador de Veracruz, de cómo se encargaban de desarticular a los movimientos sociales durante manifestaciones, amedrentaban y amenazaban a activistas, las detenían y torturaban.

Nadia fue muy crítica con su gobierno, pues desde el año 2010, año en el que Duarte asumió el poder en el estado, hubo un alza en el índice de desapariciones, también por los niveles de impunidad y el gran número de asesinatos de periodistas. Al exgobernador, hoy prófugo, lo responsabilizó directamente por su integridad física. En una entrevista con Rompeviento TV en 2014, ella hablaba sobre la alarmante situación en Veracruz, donde las personas jóvenes son carne de cañón para el sicariato o la trata de personas.

Denunció el narcogobierno en el estado y cómo las personas se convirtieron en mercancías ahí. “Es necesario accionar porque nos están aniquilando”, pensaba.

El 5 de junio del 2015, ocho estudiantes de la UV fueron atacados por hombres con el rostro cubierto. Usaron tablas con picos, machetes. La golpiza fue dura. Se habían reunido para un cumpleaños. Era un mensaje para las y los jóvenes movilizados en Xalapa, el movimiento social después de Ayotzinapa había tomado una fuerza muy grande y el poder no lo iba a permitir.

Nadia y Rubén habían recibido amenazas, huyeron de Xalapa. Él, por su incómodo trabajo fotoperiodístico, pues siempre fue solidario con quienes se movilizaban y también crítico del narcogobierno de Duarte. Por meses denunció cómo lo perseguían y amenazaban de muerte.

“Ella estaba en un departamento y me acuerdo que nos contó que un día regresó a su cuarto y alguien se había metido y se había bañado y movido cosas. Yo la tachaba de paranoica, -estás toda loca-. Y mira lo que pasó”. Cuenta, Eka, un muy buen amigo de ambos, fotógrafo.

Nadia fue asesinada el 31 de julio del 2015 junto con Alejandra Negrete, Mile Martín, Rubén Espinosa y Yesenia Quiroz en el departamento 1909 de la calle Luz Saviñón de la colonia Narvarte en la Ciudad de México.

Durante meses los medios tradicionales, cómplices del oficialismo, construyeron una historia a partir de las filtraciones de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, quienes han ignorado distintas líneas de investigación, como el activismo de Nadia o el trabajo periodístico de Rubén. Criminalizaron a las víctimas, hablaron desde la xenofobia o invisibilizaron sus feminicidios.

Nadia, hoy cumples 34 años.

Quizá en unos días algún político farsante nos va a presentar una de sus famosas “verdades históricas”. Nos va decir que el móvil fue el robo, o un crimen pasional. O que se equivocaron de casa o que todos eran miembros del crimen organizado. Quizá incluso encuentren un chivo expiatorio que “confesará” bajo tortura. Quizá termine en la cárcel por muchos años. Y entonces van a cerrar el caso y pretenderán que lo olvidemos. Y nos van a amenazar con reprimirnos si seguimos exigiendo justicia en un caso supuestamente resuelto. Esas son las promesas que el gobierno sí cumple.

Mirta Luz, la madre de Nadia, hizo en el 2015 algunas preguntas a la Procuraduría que hoy siguen sin resolver:

  • ¿Por qué se afirma que los hechos fueron a una hora y el forense afirma que el deceso fue a distinta hora?
  • ¿Por qué no se ha tomado en cuenta el contexto de violencia e inseguridad, además de la agresión directa por parte del estado de Veracruz a grupos de estudiantes y activistas a los que Nadia perteneció?
  • ¿Qué implica que el arma utilizada para el crimen haya sido utilizada por primera vez?

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Nadia en la mirada de Eka Ríos

 

Aunque en enero de este año, un juez dictara sentencia a uno de los tres imputados por este crimen político, para Leopoldo Maldonado, abogado de la organización Artículo 19, quien lleva el caso de Rubén, dice que “esta sentencia no esclarece el móvil ni determina si hubo más personas involucradas”.


“Debería haber muchísimas más personas como ella. Tanto en el activismo como en su lealtad como amiga. No recuerdo tanto, como que tengo un bloqueo ahí bien cabrón. He llorado un chingo, ha sido bien rudo de repente tener que imaginarla, imaginarlos. A veces siento que es una especie de película, que solamente se oyen disparos, se sale la cámara del cuarto y ya. Diez minutos después están quitándoles el maquillaje y bien felices. Una pinche negación bien cabrona. ¿Cómo lidias con esto? Con este pinche dolor”. Eka se pregunta.

En el 2015 sus amigas, amigos y su familia, le rindieron homenaje en los festivales de los que formó parte. Éstos se vivieron como terapias colectivas, en maneras de sanar un dolor atravesado que sigue hasta la fecha pero que poco a poco hemos ido curando. En abrazos, encuentros, fiesta y baile. Como Nadia hubiera vivido.

El 8 de febrero Nadia cumplió 34 años, vive porque vive en nosotras, que vamos sobre sus pasos.
 Hoy seguimos bailando por ella.

@Kururh

Foto: @Kururh