#Yosoy132: Crónica del estallido juvenil a cinco años de su surgimiento en la Ibero

Por Mario Montemayor SJ

Una noche de verano, mientras veía junto a mi mamá el noticiero de Joaquín López-Dóriga (antiguo conductor del horario estelar del dupopolio televisivo), después de una cena cotidiana, observamos un promocional de las acciones realizadas por el entonces gobernador del Estado de México. Ella volteó hacia mí y me susurró en tono juguetón:

“Uh a este lo sacan a cada rato en la tele, ya pronto lo van a lanzar de candidato”.

Las campañas electorales habían comenzado muchos meses antes del tiempo reglamentario. Nada nuevo en un país donde la tele y el gobierno cumplen con su tarea de entretener y dar pan a la gente. Televisa dio tiempo aire en sus noticieros, de modo ventajoso, al entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto (EPN), quien se había casado con una de sus actrices estelares en una ceremonia fastuosa y popular. El espectáculo mediático y partidista estaba apenas por comenzar.

En el 2012, año de elección presidencial, las campañas de los candidatos tuvieron un nuevo ingrediente que abonó picardía y sazón al modo tradicional de hacer política en la versión mexicana.

Jóvenes quebraron las pantallas de las televisoras que controlaban, hasta ese momento, la opinión pública de la mayoría de la población para poner sobre la mesa y discutir el juego de poder entre los medios de comunicación, los partidos políticos y el gobierno en turno. Había nuevos modos de comunicarse que ensombrecían los monólogos noticiosos del duopolio televisivo: Las redes sociales se entrometieron en la política.

El surgimiento del movimiento universitario #Yosoy132 tiene su nota fundamental en aquel viernes negro en que Enrique Peña Nieto visitó la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México. A partir de ahí emergió como espuma que brota al destapar el corcho de una botella de champagne, un colectivo vigoroso, desorganizado y horizontal que tendría una palabra nueva frente a la vieja escuela del proselitismo partidista y que puso en jaque los rígidos y voluminosos andamiajes de la frágil democracia mexicana.

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Los hechos: Peña en la IBERO

Es viernes 11 de mayo de 2012. La zona comercial de Santa Fe se encuentra en la cotidianeidad rutinaria de los viernes caóticos de la Ciudad de México. Llego por la mañana a la IBERO, como todos los días. Las calles están quietas, el ambiente es fresco y nublado, pero en el fondo, la atmósfera detiene la tensión que está por suscitarse. En semanas pasadas asistió a la universidad Josefina Vásquez Mota como parte de su campaña presidencial. Me pareció un evento de lo más aburrido, como lo eran todos sus eventos de campaña.

La y los candidatos presidenciales llevan ya varios meses en giras propagandísticas por todo el país. Nada parece fuera de lo normal, todo ha transcurrido con una monotonía absurda que me recuerda la politiquería acartonada de los tiempos del antiguo régimen. Durante los últimos meses, cada mañana amanece con los periódicos anunciando en sus primeras planas que, según las mejores empresas encuestadoras, el candidato del partido hegemónico se encuentra en la delantera por un margen tan amplio que es imposible un cambio de rumbo. Un vaticinio que anuncia a cuenta gotas, a través de los periódicos y las televisoras oficialistas, el regreso del PRI a los Pinos después de doce años de alternancia.

El día de hoy todo será diferente, aunque mis expectativas no son muchas ante la visita del candidato puntero en las encuestas, tengo que asistir como parte del protocolo como maestro acompañante.

Lo primero que captura mi atención es la presencia de los cuerpos de seguridad que merodean la zona contigua al estacionamiento de la Ibero. A las 10 de la mañana tenemos que llegar al auditorio José Sánchez Villaseñor SJ, tomar lugar y esperar al inicio del evento. Afuera del auditorio se encuentra parado un guardia de seguridad, protege la entrada al evento y deja pasar a los asistentes con sumo cuidado. El agente de seguridad de la universidad tiene un audífono portátil en el oído izquierdo, donde parece que recibe indicaciones de un ente superior. Por poco no me deja pasar arguyendo que el auditorio estaba repleto. Al final la directora de la Prepa Ibero, con un grito al aire, da la indicación de que yo también estoy en la comitiva invitada.

Entramos y, ciertamente, el auditorio está completamente lleno. Alcanzamos las últimas sillas del costado izquierdo. Mientras nos acomodamos en los asientos, repentinamente, empiezan a oírse gritos de estudiantes por todo el auditorio:

“La Ibero no te quiere”, “Cobarde”, “Corrupto”, “Fuera Peña”.

Ante esto, responden otros asistentes colocados frente al escenario “Peña” “Peña”, con una ovación animosa. El ambiente es parecido al estadio de CU, un clásico entre los Pumas y el América. Además, se ven pancartas con todo tipo de mensajes como “Atenco no se olvida” “La Ibero NO vota por EPN” y caretas con la figura de Carlos Salinas de Gortari con los ojos agujerados. La mayoría de las cartulinas expresan repudio y reclamo al candidato presidencial.

Mientras los ánimos en el recinto van subiendo de tono, voltea conmigo la directora de Prepa Ibero, quien lleva muchos años trabajando en la Universidad, y me dice:

“Esto se va a poner bueno”.

A medida que los gritos, la euforia y la temperatura del aula se elevan a pasos cada vez más rápidos, sube al escenario, a decir unas palabras, el presidente de la sociedad de alumnos, encargado de organizar el evento Buen ciudadano Ibero. Se nota nervioso, tenso, e inclusive molesto. Nos recuerda al auditorio que el candidato presidencial ha sido invitado a la universidad y que es imperioso que prevalezca un ambiente de respeto en todo momento. Sus gestos son decididos y su voz es firme. Dice con voz alta y enérgica: “Debemos guardar el respeto como estudiantes que somos”. Su discurso baja el creciente ambiente de rivalidad que se ha creado en la audiencia.

Todos nos preguntamos quiénes son aquellos estudiantes que cargan pancartas de apoyo a EPN, éstas están impresas en color rojo con letras blancas. Todas son iguales y mantienen un diseño impecable de algún profesionista. Un compañero regresa al asiento después de haber ido a saludar a otros profesores y trae información nueva. Corre el rumor, entre los pasillos, que el PRI había reservado varias filas de asientos para su gente acarreada, al parecer han llegado por la mañana cinco autobuses. Otros decían que 10. Nadie sabe exactamente qué pasa en ese momento.

En la parte trasera del aula hay una plataforma cuadricular de color gris en donde están colocados, a una altura superior al suelo, los periodistas con cámaras fotográficas y de video de muchos tamaños. Hay algunos de ellos que tomaban nota y realizan llamadas telefónicas. El ambiente es de suspenso porque en cualquier momento entrará escoltado, por la puerta principal, el candidato presidencial. Al cabo de largos minutos, en donde la expectativa se expande como una liga, entra por atrás del salón el candidato presidencial como un príncipe espera ser recibido por su reino.

Comienzan los abucheos, rechiflas y toda serie de descalificaciones altisonantes durante su entrada, también había respuesta de la gente de cartulinas rojas, los cuales son un grupo perfectamente identificado que apoya a Peña Nieto y que se encuentra junto al escenario. Se siente con fuerza la antipatía y el enojo generalizado que provoca la presencia de Peña Nieto en el auditorio. No es nada personal, el enojo es contra todo lo que representa: la posibilidad de que, de la mano del partido hegemónico y de la promoción encubierta, principalmente de Televisa (y algunos otros medios), gobierne México después de las elecciones que tendrán lugar en menos de dos meses.

Enrique Peña Nieto reluciente, bien vestido y juvenil se sienta en un sillón colocado en el centro del escenario. A un costado de él se sitúa un maestro de la Ibero y al otro el rector. Presenta su programa de gobierno durante unos 30 minutos. La charla es plana, irrelevante y habitual, es como escuchar la misma grabación una y otra vez. Mientras habla se escuchan algunos gritos desde la tribuna y aparecen las siluetas de Salinas de Gortari. Los fotógrafos no pierden la oportunidad de capturar el momento que aparecerá, al día siguiente, en muchos de los diarios de circulación nacional.

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“Atenco no se olvida”

Al final de su mensaje, hay tiempo de preguntas y respuestas. Los estudiantes quieren provocarlo, algunos preguntan usando palabras que él no entiende. Uno de ellos pregunta sobre cuáles son sus planes para combatir la anomía social, el candidato pide que se le aclare el concepto de anomía. Y así van formulándose varias preguntas a la vez, algunas son las típicas y tradicionales preguntas que apuntan hacia las promesas, la visión de México, su opinión sobre la seguridad o corrupción, etc. Otras quieren colocarlo y probarlo frente a un público no controlado.

El formato son varias preguntas en una ronda, y él contesta. Las preguntas son totalmente abiertas y sin filtro. Se pasan papeles y los asistentes los colocaban en una urna, los organizadores (frente al público) sacan un papel con alguna pregunta y se lee en voz alta, la persona que ha formulado la pregunta se le permite hablar en el micrófono y amplía su pregunta hasta donde es posible. Esto genera un diálogo franco, sin tapabocas e inquisitivo hacia el futuro presidente.

Hay un tema que es crucial en el transcurso del evento y que lo cambiará todo.

Muchas personas con diversas pancartas de protesta expresan rabia por lo sucedido en San Salvador Atenco en mayo de 2006, donde muchas personas fueron golpeadas por policías, muchas mujeres fueron violadas y los hechos hablan de un modo de represión que algunos analistas califican de atroz, insensible y vergonzoso hacia la protesta social. En aquel entonces Peña Nieto era gobernador del Estado de México, fue un evento, aparentemente, periférico durante su gobierno mexiquense, pero que marcó y ha quedado en la memoria histórica; ahora las y los jóvenes lo sacan a relucir y colocan al candidato como represor.

Peña Nieto en algún momento pide a los manifestantes que bajen las pancartas para poder ver al público y dijo que después aclarará los sucesos de Atenco. Continúa contestando y hablando sobre muchos temas del país, de su historia, de cómo va a “cambiar esta nación que se encuentra hundida en la violencia, gracias a los 12 años de gobierno del PAN”. Sin embargo, durante sus respuestas logra evadir la cuestión de Atenco, no toca el tema y decide dejarlo pendiente. Cuando el tiempo de sus intervenciones se termina, Peña Nieto se pone de pie y comienza a despedirse como una marioneta en un escenario; el rector de la universidad lo acompaña. En ese momento, varios estudiantes comienzan a gritar:

“Y Atenco” “¿Qué pasó en Atenco?”.

Cada vez suena más fuerte el reclamo, de tal forma que se vuelve imposible pasar inadvertido los comentarios. EPN está despidiéndose. Justo antes de salir de la sala, al verse increpado por el público pide que le devuelvan el micrófono para una última intervención; es el principio de su caída.

Hasta ese momento el candidato se ha mostrado con temple, quieto, ecuánime frente a las constantes protestas en su contra, siempre con una faceta de propositiva y dando cabida a todos los comentarios, aunque éstos busquen tambalearlo, sacarlo de su zona de control y derruir su imagen superficial construida y protegida por las televisoras durante estos años.

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“Fuera Peña”

Cuando Peña Nieto pide el micrófono para su última intervención fuera del formato establecido, se produce un silencio brutal, parece como si el tiempo se detuviera y todas las miradas y la atención se centran totalmente en él. De pie antes de salir, dice con un tono enérgico y de defensa:

“Respecto a los hechos sucedidos en el municipio de San Salvador Atenco, asumo personalmente la responsabilidad para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública”.

Repentinamente, la audiencia entra en cólera ante tal respuesta que recuerda a Gustavo Díaz Ordaz después de lo acaecido en el 68. La mayoría de la gente se encuentra de pie y empieza a gritar: “Asesino”, otros gritan: “Fuera Peña”. El ambiente se calienta de tal modo que, parece que aquello terminará en una revuelta estudiantil. Estudiantes, maestros, maestras, personas presentes alzan la mano derecha una y otra vez, la agitan señalando a la salida; lo están corriendo del auditorio.

Al ver la reacción desproporcionada de enojo, desprecio e insultos de las personas presentes, el candidato es llevado por los sorprendidos guardias de seguridad, a una puerta lateral para abandonar el auditorio, junto con el rector José Morales Orozco SJ que lo acompaña para despedirlo. La escena sucede tan rápido, que dentro del auditorio los gritos y las consignas aumentan y se agrupan. El ánimo desborda las álgidas pasiones que se han desatado de un momento a otro. Los rostros de los estudiantes son de hartazgo y deseo de derribar a Peña Nieto. En ese instante, me apresuro a salir del auditorio. Nadie sabe qué pasa, Peña Nieto se ha salido por una puerta lateral, pero todos los estudiantes continúan gritando dentro y también fuera del auditorio.

Al cruzar la puerta de salida me impresiona ver la explanada frente al auditorio —donde se transmite el evento por unas pantallas— y los pasillos de arriba llenos de gente con pancartas y mantas mostrando su repudio hacia el candidato. La algarabía y estruendo son avasalladores, los estudiantes gritan hacia el cielo; están encendidos, levantan las manos al compás de cada grito. Muchos alzan el puño derecho en símbolo de lucha, quieren decirle a Peña Nieto que están totalmente en contra de lo que él representa. El grito que más resuena en este momento es el de “Asesino”. La gente está indignada, fuera de sí e indomable.

Repentinamente, un estudiante grita: “Va por allá”, señalando un pasillo a un costado de la biblioteca…

El tumulto creciente se mueve y lo buscamos, queremos ver el rostro de Peña de huida, porque será fotografiado por algunos celulares o tabletas y esa imagen estará en las redes sociales, hablando de su fracaso, de cómo los estudiantes de la Ibero lo han corrido. Al no ver a Peña Nieto la manada humana se desplaza hacia la explanada grande en el centro de la universidad.

El furor comunitario sigue fluyendo con tanta fuerza que la concentración de gente comienza a brincar en la explanada, donde normalmente se congregan los universitarios, y gritan: “Fuera Peña”, una y otra vez. Es una especie de catarsis colectiva. Maestros y otros estudiantes, quienes pasan por la zona y que no saben qué estaba pasando, se detienen en los pasillos con rostros de admiración, se preguntan qué es lo que provoca tanto estruendo, sorprendidos ante la fuga de energía colectiva a la que se le ha prendido la mecha en el auditorio y que emerge, espontáneamente, entre los diversos rostros de arrebato y vitalidad.

Peña afuera del baño de la Ibero.

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Control mediático

Peña Nieto, después de esconderse frente a los baños en un pasillo a un costado de la radio Ibero90.9, sale de la universidad en su camioneta blindada. Muchos medios impresos y televisivos acusan de complot y buscan controlar los posibles daños a la imagen del candidato. El presidente de campaña, Pedro Joaquín Coldwell (exalumno de la Ibero) declara que los manifestantes no son estudiantes y son acarreados del candidato opositor, Andrés Manuel López Obrador.

Al día siguiente, muchos de los periódicos, como los pertenecientes a la Organización Editorial Mexicana (OEM), muestran un funesto titular en sus más de 30 periódicos de circulación nacional: “Éxito de Peña en la IBERO pese a intento orquestado de boicot”. Televisa, por su parte, tampoco da seguimiento a lo acontecido aquella mañana.

Ante estos eventos y los ataques de políticos cercanos al PRI, más de 131 estudiantes realizan un video que suben a Youtube que comienza a ser viral en las redes sociales, en el cual afirman que sí son estudiantes de la Ibero y no son porros, ni acarreados, al tiempo que muestran su credencial como evidencia. Además, las y los jóvenes estudiantes que presenciaron la huida suben todo tipo de videos, audios y fotografías donde desmienten todo lo que los medios tradicionales afirman para cuidar la imagen de EPN. Es el momento crucial de la verdad:

¿Quién es el encargado de comunicar los hechos objetivos, verdaderos, de interés nacional? ¿Quiénes son las nuevas audiencias?

La subjetividad toca la puerta y brilla con todo su esplendor. El ojo selectivo del camarógrafo; la palabra cuidadosa, recatada y apacible del reportero; la nota protectora, usurera, que vela por el interés del columnista; el dueño de la televisora o de la editorial que previene los favores, las leyes a modo y los comerciales que le paga el gobierno. Todo el andamiaje encubierto comienza a ser develado por estas jóvenes que se vuelven informantes momentáneos de lo que otros no quieren contar, o de lo que pretenden tergiversar para su propio provecho. Los medios tradicionales quedan débiles ante la verdad. Los viejos sucumben ante los nuevos. Las redes sociales se vuelven el nuevo sitio que se viste de portavoz de lo sucedido en el acontecer nacional. De la indignación emergen las y los jóvenes universitarios organizados por las redes sociales. A partir de ahí se convoca a la primera marcha como colectivo universitario. Es momento de pasar de la resistencia mediática en las redes a alzar la voz en las calles.

Las personas que se sumaron a la protesta digital lo hicieron cómo el o la alumna numero 132 del video, un hashtag donde las perdonas se sumaron al repudio cómo #Yosoy132 en alusión a la legitimidad de la protesta estudiantil.

La marcha comienza en la Estela de Luz

El 23 de mayo llegamos a la Estela de luz, es la cita convocada por la invitación de Facebook, donde están concentrados jóvenes universitarios de todos los puntos de la capital del país. Es la primera marcha de #Yosoy132.

Los ánimos se encuentran a punto de hacer ebullición, nadie sabe todavía qué pasará con esta primera confluencia. La explanada luce repleta de jóvenes de distintas edades que cargan cartulinas, marcadores, se rayan la cara y las manos con el número 132, portan lentes de sol y pantalones de mezclilla rotos, pero, sobre todo, sonríen por sentirse unidos y ver, juntos, caer la tarde a un costado de la avenida Reforma, en el corazón de la Ciudad de México.

Los ánimos se encuentran sobresaltados, efusivos y apasionados. Aquella tarde de mayo el calor deja una estela de encuentro y provocación que llaman a la subversión y al desenfreno. El hartazgo es palpable y el humor electorero nos tiene desabridos y sin gracia en un México cada vez más marchito. Necesitamos un fuego que encienda aquel ruin sistema político de antaño, inamovible y desahuciado.

Justo a unos metros de la Estela de luz (monumental figura escultórica colocada por el imberbe presidente Felipe Calderón) aparece Javier Sicilia, parado frente a decenas de reporteros que graban sus animosas palabras. Cuando me acerco al gentío, el poeta contesta a los reporteros señalando con su mano a la masa de gente reunida:

“Estábamos esperándolos, dónde estaban… dónde estuvieron todo este tiempo”.

Los jóvenes han regresado al escenario después de años de adormecimiento. Son los millenials, esa generación de la que no se espera nada, juzgada por los adultos de ser apolítica, indiferente y distraída por el mundo virtual, ahora alza la voz de forma creativa y virulenta y coloca los temas escabrosos del poder en el ojo del huracán.

Las universidades públicas y privadas se dan cita a la primera marcha multitudinaria después de estallido sorpresivo ocurrido días antes, cuando Peña Nieto fue corrido de la Ibero. En esta avenida las barreras sociales y los resentimientos de clase se desvanecen y los universitarios se unen con un mismo anhelo: arrebatarle a Peña la posibilidad de sentarse en la silla del águila azteca.

El folclor antipeñista no conoce límites, además, da una fuerza tal, que es capaz de desaparecer el estigma de la estratificación de clases sociales, tan marcado en este país. La UNAM apoya a la Ibero, el Poli se une al ITAM, los “fresas caminan codo a codo con los “porros”, los “nacos” gritan con ferocidad su impaciencia hacia un sistema cada vez más debilitado. Solo etiquetas.

A medida que se va llenando el asfalto de almas, el convoy humano comienza, lentamente, a tomar rumbo en dirección al Ángel de la Independencia.

Se escuchan porras al unísono: “Ibero aguanta el Poli se levanta”

Parece la barra afuera de un estadio de futbol. Las pancartas no dejan de verse en medio de la avenida aglomerada de peatones, el repudio es contra Peña, contra las televisoras, contra los periódicos del Sol de México (tendenciosos por décadas al PRI) y tantos otros que han contribuido a mantenerlos en los Pinos.

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Camino a las instalaciones de Chapultepec

Cuando llegamos al Ángel, repentinamente, un joven grita con voz rebelde: ¡Vamos a Televisa!

Y en ese momento, como si la indicación fuera una orden de general a su tropa, la estampida humana gira de rumbo para dirigirse hacia la avenida Chapultepec, donde se encuentran las instalaciones del emporio televisivo más grande de Latinoamérica.

La marcha, cuyo destino final es el Zócalo (como se acostumbra desde tiempos inmemorables), ha virado para hacer una escala técnica y detenerse ante el principal cómplice del montaje del candidato presidencial. Ahora nos encontramos cara a cara, con uno de los poderes fácticos que ha controlado con desdén la imaginación, la bravura y los sueños de miles de mexicanos de varias generaciones. Es la tele que nos ha hecho soñar con las estrellas para dejar de ver la tierra que pisamos y el camino por el que estamos siendo conducidos.

El edificio es amarillo con un portón metálico grande. Es ahí por donde salen y entran los artistas mejor cotizados de este país, se asoman automóviles con vidrios polarizados que impiden ver más allá de la simple carrocería. Cuando me detengo, escucho, en cámara lenta, gritos que alcanzan a verse mientras su sonido llega hasta lo alto del edificio. Son jóvenes enfurecidos que claman el fin de la telepolítica mexicana, cansados que la telenovela se haga realidad en el destino nacional.

Estoy ahí por varios minutos, detenido, absorto, simplemente contemplando la escena. Me siento conmovido, cuestionado y contento. Al fin, algo nuevo se ha suscitado. Es el comienzo de lo improbable, que toca una voz profunda y una raíz honda. Al terminar el espectáculo, subo a la estación del metro más cercana, que se encuentra abarrotada de usuarios, y regreso caminando a mi casa.

La salida estrepitosa de Peña Nieto de la Ibero, la protesta juvenil enardecida frente a la televisora y la posibilidad del activismo libre en las redes sociales son la esperanza manifiesta de que es posible enfrentar a la injusticia con formas nuevas y versátiles. Un grupo de jóvenes han visto las fisuras por donde se alcanzó a asomar el dinosaurio. Ahora no puede pasar desapercibido. Los estudiantes se defienden ante la difamación de los políticos con un creativo video de Youtube y con el paso de los días emerge el movimiento estudiantil #Yosoy132, al cual se le unen miles de estudiantes de universidades públicas y privadas de todo el país para protestar por la perniciosa imbricación entre medios de comunicación, gobierno y partidos políticos.

#Yosoy132 no existe más, sin embargo, permanece en la memoria de los movimientos juveniles que han dejado huella en México, permanecen los colectivos que continúan uniéndose, así como en el imaginario de miles de personas que saben que su paso fugaz por la vida nacional ha provocado nuevas grietas y serios estragos al sistema político y la democracia mexicana.